Paco El Bolsi

Paco «El Bolsi»

Paco nació en 1928 en la Senda de Granada, en una zona de huerta a escasos kilómetros de Murcia capital. Era el más pequeño de la familia, y su infancia transcurrió entre hortalizas y ganado.

Paco creció entre guerras. Vivió la Guerra Civil Española, también la II Guerra Mundial. Maduró a edad temprana, en su casa eran muchos y todos arrimaban el hombro para subsistir. Conforme pasaba el tiempo, pasaban los días entre una fábrica de pienso y, exhausto, salía con lo que ganaba para llevarlo a casa y ponerse a labrar con las vacas.

Paco se enamoró como nunca pudo imaginar. Encontró a una morena que le robó el habla. Carmen le conquistó el corazón y, desde entonces, formaron el amor más puro y sincero que se ha podido conocer. Se casaron, tuvieron cinco hijos y a ellos les inculcaron los valores del sacrificio, el esfuerzo pero, sobre todo, de la importancia de la familia. Muchos podrán estar en momentos puntuales de la vida, pero el abrazo de un padre o el consuelo de una madre no es comparable con nada en el mundo.

Paco también tenía su lado futbolero. Un murciano nacido en los años 20 que era fan incondicional del Athletic de Bilbao. Cuando podía permitírselo, le dejaban o le acompañaban, acudía a La Condomina aprovechando las visitas del equipo vasco cuando el Real Murcia militaba en Primera División. Muchos años después, perdió la vista pero nunca la mirada.

Con 14 nietos y 8 bisnietos, Paco se apagó para siempre el pasado miércoles. Dejó paz, sabiduría, valores y un sentimiento de familia como no se ha conocido. Se fue con su morena, recuperó la vista y pudo volver a ser feliz. Y nadie más que él se lo merecía.

Paco era mi abuelo. Y para mi, un ejemplo y un ídolo como ninguno. Por ello, la sección «Ídolos» ahora llevará su nombre. Aquí hablaremos de los personajes del mundo del fútbol que han hecho algo o han aportado para conseguir un mundo mejor, ayudar a quien más lo necesita o contribuido en algún aspecto a la sociedad.

Mi abuelo siempre estuvo ahí. A pesar de las piedras que le puso la vida, las solventó con una entereza difícilmente alcanzable. Te podías pasar horas escuchando sus historias, o viéndole tocar la bandurria. No te podía ver pero te sentía, sabía cuándo estabas bien y cuándo necesitabas un consejo de sabiduría y años de experiencia a las espaldas. Con más motivo que nunca, sin él yo no estaría aquí. Por ello cualquier homenaje, agradecimiento o reconocimiento a su persona se queda escaso.

Este es mi pequeño homenaje para un hombre que, durante 91 años, dio su vida por el bien de su familia. Descansa en paz.

author-sign

También puede interesarte...

Artículos destacados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *