Opinión

No hay respiro para el Real Murcia CF: la eterna agonía

Hemos visto, en muchas ocasiones, como de díficil es salir del pozo para clubes históricos que necesitan regresar, como mínimo, al segundo escalón del fútbol español. Conocemos la historia del Real Oviedo, que ilustra perfectamente lo que es pelear en el barro más absoluto y disfrutar ahora de una calma buscada desde hace muchísimos años. Otros casos, como el del CD Logroñés, tuvo un desenlace más difícil: la desaparición. Uno de los clubes más castigados en los últimos tiempos es el Real Murcia, un histórico al que día tras día le sale una nueva batalla que librar.

Si no fuera complicado tener la obligación de clasificarse para estar en la «Pro» la temporada que viene, una plaza que a día de hoy no ocupa y por la que pugnan los filiales sevillanos, Linares, Córdoba o UCAM, ahora vuelve a tener otro frente abierto: la llegada del «empresario» (entrecomillamos porque es para poner en duda hasta eso) mexicano Mauricio García de la Vega. En una lucha por el trono entre personajes con afán de sillón y saqueo, la Audiencia da la razón a De la Vega en la disputa por la legalidad de las acciones en el momento de su adquisición. Esto significa que lo logrado desde 2018 hasta hoy no vale de nada, o no tiene plenos efectos al menos.

Mauricio García de la Vega (foto: El Norte)

Después de campañas, iniciativas y, sobre todo, una gestión como hacía décadas no se vivía en los despachos de La Condomina (tanto la antigua como el ahora Enrique Roca de Murcia), al Murcia le siguen saliendo piedras en los zapatos. Irrumpe de nuevo un señor que no ha mostrado el músculo financiero que dice tener, que en declaraciones a un medio regional en una entrevista se limitó a decir que «sale… pues… de donde sale», parece que el mexicano busca negocio en lo que él vende como «trabajo y gestión conjunta».

Por si no fuera difícil afrontar esta temporada 20/21, en donde muchos históricos de nuestro fútbol verán cómo su equipo baja una categoría debido a la reestructuración de las competiciones RFEF. Una liga a cinco grupos donde pelea el Dépor, Racing, Numancia, Recre, Hércules… el Córdoba (argucia para limpiar su deuda incluida), o el Real Murcia.

Y por si tampoco costase bregar en una liga tan competitiva, ajustando presupuestos y limpiando deuda, para que a dos días de un partido vital tu delantero estrella te deje tirado por el dinero de Marbella. Te rehaces, intentas levantarte pero siempre hay una losa que te lleva al punto de partida. Y cuando parece que llega la calma, otra más y con el agravante de que el club vuelve a tener el fantasma de la liquidación presente.

¿El máximo perjudicado? El de siempre. El que compra acciones sin mirar la plantilla, el presupuesto o el precio. El que pone por delante el escudo de las siete coronas con respecto a cualquier cosa. El que mueve las redes sociales para que su Murcia tenga accionistas en casi cualquier rincón del mundo.

Afición del Real Murcia (foto: Libertad Digital)

El club que hace que vengan polacos al sureste de España, que un inglés ame la ciudad bañada por el Segura. Que vengan franceses y se unan a la locura de un sentimiento que no tiene nombre, razón ni entendimiento. Un club en donde la paz lleva muchos años sin aparecer y que va siendo necesaria desde hace tiempo. Un club insustituible, irremplazable y que no dejarán morir sus aficionados. Llegará el momento de volver a ser el Rey de Plata.

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