Paco El Bolsi

Ídolos de barro: Michael Robinson

Para empezar, diré que soy de esas personas que reniegan del intrusismo laboral. En una época en la que el periodismo, especialmente el deportivo, tiene exceso de «gallinas» que cacarean burradas y buscan más protagonismo que veracidad, podríamos considerar que el sector se encuentra en un momento crítico. Michael Robinson era todo lo contrario.

Por otro lado, abunda el afán de protagonismo de algunos personajes que no entienden que el periodista debe contar desde detrás de las cámaras, y no tratar de ser el protagonista ocupando la escena. El ídolo de barro del que trata este artículo es, quizá, una de las pocas personas que nos hacen tragar nuestras palabras y ceder ante la evidencia.

Michael Robinson con la camiseta de Osasuna. Foto: El Desmarque

Michael no era periodista, sino futbolista. Siguió el camino que otros muchos han continuado a posteriori, pero ninguno de ellos ha podido alcanzar la capacidad de comunicar y el mimo con el que él transmitía todo. Pasó del césped a las cabinas para hacer, junto a Carlos Martínez, una de las parejas comunicativas más importantes de nuestro país.

Marcó un estilo comunicativo inigualable en el deporte, era el carisma personificado. Junto a Andrés Montes, quizá el comunicador deportivo más reconocido del país. Desde El Día Después hasta Informe Robinson, forjó un modelo periodístico admirable, reconocible y escaso en un mundo saturado de amarillismo.

Carrera en Inglaterra… y Osasuna

Tocó el cielo con el Liverpool y dejó huella en España con la camiseta de Osasuna. Esa fue su principal insignia sobre el césped; comenzó en el North Preston End, pasando posteriormente por Manchester City, Brighton and Hove Albion y Queen Park Rangers. A partir de ahí se enamoró de España, y decidió quedarse para seguir mostrando su amor por el fútbol desde otra perspectiva. Televisión Española, Canal +, Cadena Ser y Movistar + fueron sus camisetas periodísticas en nuestro país antes de ceder ante el maldito cáncer.

Michael Robinson no pisó la facultad de comunicación, no se formó para ello y su camino era otro. Sin embargo, en este mundo hay personas que nace con talento y otras que no. El talento se trabaja, se forja y se consigue con esfuerzo, pero debe haber algo innato para marcar época y ser recordado.

Y eso le pasó a Robinson, un muchacho británico que llegó a España guiado porque había «alcohol barato, sol y mujeres», y se quedó para ser historia del fútbol nacional.

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