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Ciudad de Murcia: el resurgir de un sentimiento

La trayectoria del Ciudad de Murcia se podría visualizar como una montaña rusa. Hace poco más de veinte años surgió, a orillas del río Segura, un club que pasó en solo siete temporadas de no existir a rozar el ascenso a Primera División. Dos campañas consecutivas finalizando en cuarta posición en Segunda y, el 6 de junio de 2007, el día más vergonzoso en el fútbol de nuestro país.

Quique Pina vendió el club, el trabajo, el esfuerzo y las ilusiones de una afición a un empresario granadino, que creó un engendro futbolístico llamado “Granada 74” que aguantó la friolera de dos temporadas: la del descenso desde Segunda y la siguiente, cuando el club bajó a Tercera y acabó desapareciendo.

De Pina a Lifante

La segunda “vida” del Ciudad vino unos meses después de la mano de un empresario llamado Evedasto Lifante. El equipo acabó en Lorquí, pasando después por Totana o Alcantarilla en Segunda B en una etapa complicada económicamente hablando. Ruina y, de nuevo, desaparición con lo que ello conlleva.

La afición del Ciudad de Murcia. Foto: Panenka

Y, como se suele decir, a la tercera fue la vencida. La afición del Ciudad, harta de empresarios y tráfico de sentimientos. Inspirado en clubes populares como el FC United of Manchester, entre otros, nació el Club de Accionariado Popular Ciudad de Murcia con una premisa principal: un accionista = un voto. O lo que es lo mismo: la afición manda, dirige y decide el devenir del club. Lejos de traficantes de clubes y empresarios sin escrúpulos.

Empezando desde abajo

A diferencia del Ciudad de Lorquí / Totana / Alcantarilla, que adquirió su plaza en Tercera División a la Escuela Municipal de Deporte Lorquí, el CAP empezó en Segunda Autonómica hasta llegar a Tercera en cuatro años.

¿La clave? Meter a miles de aficionados en las gradas independientemente de la categoría o el rival. Actualmente ha encontrado la estabilidad en el cuarto escalón del fútbol español. Además, cuenta con club femenino, categorías inferiores y equipo de e-Sports.

El caso del CAP Ciudad de Murcia es, quizá, uno de los más conocidos a nivel nacional e, incluso, internacional. El hermanamiento con otros clubes populares como el FC United of Manchester, nacido del desencanto de parte de la afición del Manchester United con la gestión de la familia Glazer, propietaria del club, permite que este modelo se siga consolidando en nuestro país, que el fútbol popular siga asentándose y creciendo en España y se empiece a considerar de verdad como un modelo sostenible y real lejos de intereses más allá de lo que sucede en el césped… o en el barro.

Más allá del fútbol

El Ciudad de Murcia no es solo fútbol. El modelo de Accionariado Popular ha sido llevado al ámbito más social. En 2015 se creó el CAP Ciudad de Murcia Adaptado, en 2016 llegó la sección femenina del club. Y por último, tras organizar varios eventos y torneos a favor de la inclusión, el filial del conjunto ciudadano se convirtió en el «equipo contra la exclusión».

El filial rojinegro, bajo el nombre de CAP Ciudad de Murcia CEPAIM, compite en las categorías regionales del fútbol murciano y surge de la unión entre el club de fútbol y la Fundación CEPAIM, que lleva trabajando desde los noventa en Murcia a favor de la inclusión social. Está formado por jugadores sub-23 de diferentes nacionalidades y condiciones sociales.

Proyectos como los del CAP Ciudad de Murcia son los que te hacen engancharte al fútbol. Gracias a iniciativas populares como las del Ciudad, uno vuelve a creer en el fútbol como fuente de valores y tolerancia, de respeto y compañerismo. Te recuerda que el fútbol es acudir cada domingo al estadio con tu padre, tu hijo, tu abuelo o tu amigo, con el único objetivo de disfrutar y romper con la rutina semanal. Con el objetivo de creer en algo, ser partícipe de un sentimiento y seguir creciendo como persona.

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